APRENDIENDO A CONDUCIR: BUENA QUIMICA ENTRE ACTORES

Isabel Coixet rueda de nuevo fuera de España (USA) y con actores de primer nivel. Se trata de una película menor pero bien trabajada de esta irregular realizadora. La historia se centra en Wendy (Patricia Clarkson) una mujer de cincuenta y tantos, crítica literaria a la que acaba de dejar su marido. Por una serie de razones decide aprender a conducir y tiene de profesor a Darwan (Ben Kingsley) un indio sikh que huyó de su país hace muchos años y está asentado en Nueva York.
La película narra el encuentro de dos personas bien dispares, que no comparten ni clase social, ni formación, ni origen, pero que contra todo pronóstico sintonizan. Sí tienen algo en común, se enfrentan a un cambio importante en su vida (ella a su separación, él a su boda) y a través de ese pequeño pero frecuente tiempo compartido que son sus clases de conducción, uno y otro intercambian y se aportan mutuamente ciertos aprendizajes vitales que les ayudarán a adaptarse a su nueva situación.
Coixet hace una buena labor de dirección de actores (incluso consigue que Kingsley no sobreactúe, algo tan frecuente en él), logra que se genere mucha química entre ambos actores y que las reacciones de los dos personajes tengan la intensidad óptima, sobre todo en sus momentos de mayor frustración. La realizadora retrata muy bien los espacios personales de ambos personajes, trabaja con minuciosidad cada detalle para que todos los ambientes sean muy verdaderos algo que redunda en confeccionar un film realista y cercano. Está muy bien llevada la evolución de Clarkson en su aspecto general (maquillaje y vestuario), de abatida y desaliñada al inicio, a más luminosa y alegre según avanza el film.
Una historia positiva que profundiza en los personajes, seña de identidad de Coixet, que habla de que siempre se puede volver a empezar, y de cómo a veces es más fácil abrirse a desconocidos que a las personas de tu entorno.  (Valoración 6 sobre 10).




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