"BOYHOOD", LA VIDA MISMA.

Richard Linklater es un obsesionado del paso del tiempo y su impacto en el ser humano. Ya nos lo ha demostrado en su magnífica saga  "Antes del ...", donde sigue a un hombre y a una mujer (Ethan Hawke y Julie Delpy) y cada 10 años los vuelve a reunir para hacer un punto de situación en su relación. Ahora, en "Boyhood", se interesa por relatar la "construcción de la personalidad" de un niño, Mason (Ellar Coltrane), a partir de los aconteceres familiares y su entorno cambiante. Veremos el viaje de Mason de la infancia a la universidad, de los 6 a los 18 años. Este personaje está interpretado por Coltrane, todo un descubrimiento, que se mete perfectamente en el personaje de Mason y le aporta todo su encanto personal. Linklater, realizador y guionista, hace un estudio de la evolución de este personaje pero también de toda su familia. Su responsable madre, una creíble y sincera Patricia Arquette. Su padre, Ethan Hawke, actor fetiche de Linklater que además asumió el compromiso de dirigir la película en caso de que algo le hubiera ocurrido al realizador. Su personaje es probablemente el mejor definido y el más especial además del de Mason, tanto por los temas que toca en sus diálogos con sus hijos, como las actividades que vemos que comparte con ellos, sus hobbies, las casas donde vive... todo. Por último, Lorelei Linklater, hija del realizador, en el rol de hermana mayor de Mason.
La película ya hubiera sido brillante rodada a la manera tradicional, dada la capacidad innata de Linklater para captar lo más genuino del género humano, no resistiéndosele ni el universo masculino, ni el femenino, ni el infantil. Muchos realizadores son geniales capturando los hemisferios femeninos (Almodovar o Woody allen) o penetrando en el mundo masculino pero Linklater,  maravilloso antropólogo, es tan diestro con unos como con otros. Además, genera nuevas técnicas narrativas. En la saga "Antes del amanecer..", planteando una nueva película cada 10 años con los mismos actores. Aquí llevando al máximo exponente esta observación real y consiguiendo que los 4 actores que integran la familia protagonista se comprometieran a rodar unos días al año durante los siguientes 12 (!!!). Esta original y perseverante idea de hacerlo tal cual, sin artificios, sin maquillaje y caracterización, sin cambiar un actor joven por otro mayor, desemboca en enteros de frescura, naturalidad y credibilidad.
Ademas de esta "peculiaridad", también es innovador en el montaje (Sandra Adair). Premeditadamente enlaza un momento en el tiempo con el siguiente. Sin cortes bruscos, sin claros cambios de localización. Por el contrario, une una situación tan similar a la siguiente que sólo detalles como el corte de pelo indican que ha vuelto a pasar un cierto tiempo. Es un pequeño juego que también facilita que el espectador esté atento y sienta una curiosa sensación de paso de tiempo. 
El esfuerzo del realizador por llevar a cabo esta aventura/experimento ha merecido la pena. Como dice el slogan de una conocida cerveza " Lo bueno se hace esperar".Y por cierto, que nadie se eche atrás por la duración de la película (165 minutos), es un auténtico disfrute. (Valoración: 9 sobre 10)


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