LA GRAZIA: LA DUDA
El cineasta napolitano Paolo Sorrentino ("La gran belleza", "Fue la mano De Dios”, "Parthenope"), escribe el guion y dirige este film. Al presidente de la república italiana (Toni Servillo) solo le quedan 6 meses para acabar su mandato. Tiene sobre la mesa 3 temas importantes que resolver, la ley de la eutanasia y dos indultos.
Si hay una palabra que me viene a la mente para describir esta película es sobriedad, en el tema, hay uno troncal aunque pase por otros varios, y sobria en lo formal. Esta vez Sorrentino se contiene muchísimo, no incluye esas imágenes oníricas y fantasiosas que suelen ser uno de sus rasgos de identidad, incluso es más comedido enseñando belleza (de personas o lugares), algo también muy suyo. Aquí hay también belleza, pero no la más barroca, ni la más exuberante. Manda la simetría, el contraste en la iluminación, las líneas rectas, el predominio del blanco y negro, en línea de la rectitud del protagonista. El tema central es el cómo tomar la buena decisión, la necesidad de la duda y la incertidumbre de la duda. Se mezcla su necesidad de decidir sobre temas de trabajo espinosos con una duda personal que le persigue y martiriza desde su juventud. Nada es absoluto, todo tiene muchas caras, la reflexión ha de pasar por varios prismas. Es un guion en el que a poquitos nos metemos en el personaje protagonista, hasta que de repente éste llena la habitación. Qué grande es Servillo!, en una interpretación austera da vida a una persona reflexiva, obsesionada por ser justo, por ser ecuánime, por actuar correctamente, por ser muy riguroso con sus palabras y sus actos. El film tiene también momentos de humor, sobre todo cuando aparece en escena una buena amiga del presidente, Coco (Milvia Marigliano), nostalgia y mucho sentimiento verdadero presente en la relación padre - hija (Anna Feretti). (Valoración: 8 sobre 10).
Si hay una palabra que me viene a la mente para describir esta película es sobriedad, en el tema, hay uno troncal aunque pase por otros varios, y sobria en lo formal. Esta vez Sorrentino se contiene muchísimo, no incluye esas imágenes oníricas y fantasiosas que suelen ser uno de sus rasgos de identidad, incluso es más comedido enseñando belleza (de personas o lugares), algo también muy suyo. Aquí hay también belleza, pero no la más barroca, ni la más exuberante. Manda la simetría, el contraste en la iluminación, las líneas rectas, el predominio del blanco y negro, en línea de la rectitud del protagonista. El tema central es el cómo tomar la buena decisión, la necesidad de la duda y la incertidumbre de la duda. Se mezcla su necesidad de decidir sobre temas de trabajo espinosos con una duda personal que le persigue y martiriza desde su juventud. Nada es absoluto, todo tiene muchas caras, la reflexión ha de pasar por varios prismas. Es un guion en el que a poquitos nos metemos en el personaje protagonista, hasta que de repente éste llena la habitación. Qué grande es Servillo!, en una interpretación austera da vida a una persona reflexiva, obsesionada por ser justo, por ser ecuánime, por actuar correctamente, por ser muy riguroso con sus palabras y sus actos. El film tiene también momentos de humor, sobre todo cuando aparece en escena una buena amiga del presidente, Coco (Milvia Marigliano), nostalgia y mucho sentimiento verdadero presente en la relación padre - hija (Anna Feretti). (Valoración: 8 sobre 10).

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